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viernes, 29 de noviembre de 2019

Sobre la Muerte De Dios en la Gaya Scienza (Die fröhliche Wissenschaft)

Amadísimo Nietzsche,
Habrás oído también hablar del otro loco.
El que encendiendo corazones con sus palabras, bajo el sol de pleno día, corría por la plaza y exclamaba continuamente:
"¡Dios ha venido! ¡Dios ha venido!”
Como justamente se habían juntado allí muchos religiosos, provocó gran alboroto.
-¿Acaso le es lícito?, dijo uno. -¿Puede salvarse a sí mismo?, dijo otro.
-¡No tienes cuidado de nadie!
-¡Blasfema!
-¿No respondes nada?
- Así gritaban y se reían al mismo tiempo. El loco se humilló en medio de ellos y los atravezó con su mirada.
- ¡Dios está vivo! -Exclamó el loco. - ¡Y yo se los vine a decir!
- Y si, mi amado Nietzsche...
¡Nosotros lo hemos matado, vos, los demás y yo! ¡Todos somos unos asesinos! Pero no pudimos mantenerlo muerto.
¿Cómo podríamos vaciar el mar? ¿Como podríamos extinguir toda la luz?
¿Con que esponja podríamos borrar completamente el horizonte?
¿Podríamos desencadenar a esta tierra de su sol?
¿No sigue la tierra rodando hacia donde se le ordena?
¿Hacia qué nos lleva su movimiento? ¿Lejos del Sol, lejos de Dios?
Los hombres nos precipitamos en una constante caída, hacia atrás, hacia derechas e izquierdas, hacia el progreso, en todas direcciones...
¡Pero sigue habiendo un arriba y un abajo!
Erramos como a través de una nada infinita, sentimos el aliento del vacío. ¡Ya hace frío!
¡Anochece continuamente y se hace cada vez más oscuro! Encendemos linternas desde la mañana que no alumbran ni calientan. Seguimos oyendo el ruido de los sepultureros que han enterrado a Dios.
Pero la tumba está vacía.
¿No has comenzado a oler la putrefacción humana? Los hombres y los dioses se corrompen.
¡Pero Dios ha muerto! Y aunque lo hemos matado nosotros, ¡Dios está vivo!
¿Cómo nos consolaremos nosotros, asesinos entre los asesinos?
Lo que el mundo poseía, lo más sagrado y poderoso, se ha desangrado bajo nuestro cuchillo.
¿Quién sino Él borrará de nosotros esa sangre?
¿Qué agua podría purificarnos?
¿Qué expiaciones, qué juegos o ritos podríamos inventar?
¿No es excesiva para nosotros la grandeza de este acto?
¿Acaso podemos convertirnos en dioses, o al menos parecer dignos de Él?
No hubo en el mundo acto más grandioso y todas las generaciones serán, por este acto, parte de una historia más alta de lo que hasta el presente fue la historia.
También en mi historia calló el loco y miró de nuevo a sus oyentes; ellos también callaron y le contemplaron con extrañeza.
Antes de morir, se arrojó al vacío, se apagó y rompió en mil pedazos:
- “Padre, tus manos encomiendo mi Espíritu, consumado está, perdonalos porque no saben lo que hacen".
- Llegó justo cuando más lo necesitábamos. Esa fue su hora. Este gran acontecimiento, anuncia lo que está en camino, lo que todavía no ha llegado a oídos de todos los hombres.
Pero es necesario dar tiempo al relámpago y al trueno, es necesario dar tiempo a la luz de los astros, tiempo a las acciones, cuando ya han sido realizadas, para ser vistas y oídas.
Este acto está más lejos de los hombres que el acto más distante; y sin embargo, aunque ellos mataron a Dios, Él lo ha realizado.
Y así, mi muy amado Nietzsche, llego al final de mi contestación, y en ella, Dios está vivo. Lamento, en virtud de la verdad, haber tergiversado vulgarmente tus palabras.
Pero acudo a la verdad, porque, dime querido Nietzsche y desmiénteme si es que puedes, ¿en cual tumba yace hoy un cadaver?

¿En la del loco de mi historia o en la del loco de la tuya?

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